Fue diseñado en Copenhague por la marca Moebe, que siempre propone objetos que van directamente a lo esencial, con líneas extremadamente limpias. El espejo es desconcertantemente simple, dejando que su función principal - reflejar el cristal - hable por sí misma. Sujetado por un ligero hilo metálico suspendido de un sencillo gancho en forma de L fijado a la pared, su construcción ofrece un sutil detalle a quien lo observa de cerca.